Hacía tango frío que no sabía si el aliento era de su boca o de los granos de café.
Alzó el vuelo y caminó jugando a pisar la línea del horizonte, sin caerse, en busca de nuevos desvaríos de locos con los que alimentarse. De los locos que encontraron el juicio de los tontos.
Pisaba escombros. Cada paso era un beso a la soledad. Silencio. Ahogada por su recuerdo caminaba fumando viento del pasado. Y de pronto en su desgastado rostro se reflejaba y la miraba y se deformaba entre las ondulaciones de los charcos cuando alguna lágrima naufragaba.
Una caricia apartaba aquella lágrima antes de que los dedos rompiesen el roce. Y cuando el recorrido finalizaba, de nuevo, el rostro que miraba era el suyo hasta que otra vez otra gota de sal caía y rompía su reflejo.
Entonces supo que no era diferente, era rara, rara como un diamante. Y aquella chica brillaba, tanto brillaba que las noches de ébano iluminaban su rostro con su sonrisa de marfil.
El ébano se deformó y su negrura se transformó en húmeda madera.
Jak sintió como su cuerpo se tambaleaba y cedía al balanceo.
Desorientado, intentó incorporarse. Cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad echó un vistazo a su alrededor, tratando de encontrar alguna respuesta.
Descubrió que se hallaba en lo que parecía ser una especie de almacén. Pronto se dio cuenta de que a escasos metros tenía la bolsa en la que había guardado la extraña esfera durante su escape, salvo que esta vez, se encontraba vacía. La esfera ya no estaba.
Había varias cajas de madera apiladas a su alrededor.
Se acercó al montón y abrió una de ellas. Sólo contenía un montón de piezas inservibles, cables y algunos recambios. En ese momento algo llamó su atención.
Una de esas cajas estaba etiquetada. Forzó un poco más la vista tratando de leer, alumbrado por un pequeño haz de luz cristalina que se colaba por una grieta del techo.
En la etiqueta ponía: "HUMANO".
Jak forzó la tapa hasta que finalmente cedió. En el interior encontró un montón de comida orgánica cubierta por un campo anti descomposición que la mantenía en perfecto estado.
- ¡Comida orgánica! - Exclamó Jak. - ¿Por qué hay aquí un montón de comida orgánica?
En ese momento, una puerta que estaba al final de las escaleras de la estancia se abrió, y un torrente de luz que venía del exterior cegó a Jak durante un instante.
