viernes, 12 de diciembre de 2014

El sueño de la chica diamante y un barco que nadaba entre las nubes.

Hacía tango frío que no sabía si el aliento era de su boca o de los granos de café.

Alzó el vuelo y caminó jugando a pisar la línea del horizonte, sin caerse, en busca de nuevos desvaríos de locos con los que alimentarse. De los locos que encontraron el juicio de los tontos.


Pisaba escombros. Cada paso era un beso a la soledad. Silencio. Ahogada por su recuerdo caminaba fumando viento del pasado. Y de pronto en su desgastado rostro se reflejaba y la miraba y se deformaba entre las ondulaciones de los charcos cuando alguna lágrima naufragaba.

Una caricia apartaba aquella lágrima antes de que los dedos rompiesen el roce. Y cuando el recorrido finalizaba, de nuevo, el rostro que miraba era el suyo hasta que otra vez otra gota de sal caía y rompía su reflejo.

Entonces supo que no era diferente, era rara, rara como un diamante. Y aquella chica brillaba, tanto brillaba que las noches de ébano iluminaban su rostro con su sonrisa de marfil.


El ébano se deformó y su negrura se transformó en húmeda madera.

Jak sintió como su cuerpo se tambaleaba y cedía al balanceo.

Desorientado, intentó incorporarse. Cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad echó un vistazo a su alrededor, tratando de encontrar alguna respuesta.


Descubrió que se hallaba en lo que parecía ser una especie de almacén. Pronto se dio cuenta de que a escasos metros tenía la bolsa en la que había guardado la extraña esfera durante su escape, salvo que esta vez, se encontraba vacía. La esfera ya no estaba.


Había varias cajas de madera apiladas a su alrededor.


Se acercó al montón y abrió una de ellas. Sólo contenía un montón de piezas inservibles, cables y algunos recambios. En ese momento algo llamó su atención.


Una de esas cajas estaba etiquetada. Forzó un poco más la vista tratando de leer, alumbrado por un pequeño haz de luz cristalina que se colaba por una grieta del techo.


En la etiqueta ponía: "HUMANO".


Jak forzó la tapa hasta que finalmente cedió. En el interior encontró un montón de comida orgánica cubierta por un campo anti descomposición que la mantenía en perfecto estado.


- ¡Comida orgánica! - Exclamó Jak. - ¿Por qué hay aquí un montón de comida orgánica?


En ese momento, una puerta que estaba al final de las escaleras de la estancia se abrió, y un torrente de luz que venía del exterior cegó a Jak durante un instante.




viernes, 3 de octubre de 2014

Ataque

Los disparos cesaron.

Jak echó un vistazo a su alrededor, pero sólo pudo ver una tormenta de polvo. Dejó de correr, y de pronto se dio cuenta.

El cielo escupía destellos.

Una lluvia de piratas sedientos de sangre descendía en botes individuales de asalto desde el barco y atravesando la tormenta de polvo llegaba al suelo.
Cada golpe seco que escuchaba Jak en el asfalto, significaba que había aterrizado una nueva amenaza para él. Algunos caían demasiado cerca.

Optó por refugiarse en los restos de una de las casas. Apartó un cuerpo que yacía junto a una pared que aún se mantenía en pie y esperó oculto entre los escombros.

No se oían ya gritos. Seguramente los piratas ya habían tomado la ciudad o al menos la mayor parte. Tenía que llegar al río.

Levantó Jak la cabeza por encima de la pared, justo la altura necesaria para echar un vistazo a su alrededor.

A unos pocos metros, fuera, dos bots piratas arrastraban por la calle a uno de los pocos supervivientes que trataban de escapar.
Lo dejaron caer.

-          - ¿Dónde está?   – Preguntó uno de ellos.
-          - No sé…  que es lo que quieren…    - Contestó débilmente el hombre tendido en el suelo.

El robot sacó una pistola del traje y lo encañonó con el arma.

-        -  ¡Espera! ¡Nooo! ¡Noooo…!        -  Un disparo interrumpió su frase.
-        -  No perdamos más el tiempo.    - Ordenó. Y los dos asesinos siguieron su camino.

Jak se quedó completamente inmóvil durante toda la escena. Unos minutos después consiguió volver en sí y se preparó para correr.

Todo parecía ahora despejado. Echó un último vistazo y salió sigilosamente de su escondite.

Apenas había cruzado la calle cuando algo salió de una esquina y lo golpeó por detrás.

Todo se volvió negro.

domingo, 23 de febrero de 2014

Ataque

Olía a ceniza.

La respiración entrecortada de Jak se mezclaba entre el humo.


Permaneció parado, inmóvil, a la espera de que algún ruido lo alertara, buscando algún rastro de vida inerte.


No había nadie.


Unos pasos salieron por detrás de una esquina, acercándose a él veloces y torpes.


Antes de que pudiera apartarse, un autómata con prisa lo empujo, golpeándolo contra la pared.


Jak cayó al suelo.


- ¡ PIRATAS DEL AIRE ! -  Gritaba al mismo tiempo que se alejaba hasta perderse en la densa niebla.


Entonces levantó la vista y lo vio.


Entre el cielo cubierto de llamas se alzaba un navío que bombardeaba Siro desde las nubes mientras sacudía en lo alto de su mástil la calavera negra.


Un nuevo proyectil salió disparado de sus cañones en dirección a Jak.


Se abalanzó de un salto al interior del taller justo antes del impacto. 


Entró rápidamente en el interior y se dio cuenta de que Marvin ya no estaba.  


Sabía lo que tenía que hacer. Debía abandonar la ciudad de la niebla antes de que quedase completamente destruida.


Metió rápidamente lo que pudo en un pequeño saco. Cuando estaba a punto de salir descubrió un brillo familiar.


Ahí yacía. Con las sacudidas de los disparos se había ido deslizando poco a poco, desde la mesa a los pies de Jak.


Dudó unos segundos hasta que un tercer cañonazo despejó sus dudas.


Recogió la esfera dorada. Comenzó su carrera a través de las ruinas de bronce y el caos entre los ciudadanos que como él corrían para salvar sus vidas.